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martes, 24 de marzo de 2015

Las siguientes fotos fueron tomadas por el fotógrafo Gjon Mili en marzo de 1950, abarcan todos los estilos predominantes de ese año y la chica a la que fotografía es Dorian Leigh, topmodel de Nueva York desde 1944.

Dorian comienza con un vestido que incorpora los puntos de estilo y línea más altas esta temporada. Tiene forma de tubo y es de franela gris con dobladillo (izquierda). Podemos ver que lo combina con una chaqueta con vuelo, mangas cortasfuera y puños grandes (derecha) - Este tipo de chaquetas fue muy popular y  estaba disponible en todos los rangos de precios. 


El gran regreso de este año son las gabardinas y las chaquetas ceñidas a la cintura. Las gabardinas ahora incluyen diseños y estampados llamativos. Las chaquetas, por su parte, son diseñadas por Dior y  y tienen algunos acentos franceses definidos como el tipo de manga y el cuello tipo camisa.

En la calle quizá no se atreviesen a llevar estos estampados y estas prendas eran monocromáticas, sobre todo se usaba negro, algo de azul o gris, con toques de blanco en los guantes, sombreros, flores, paraguas (como en nuestra foto ofrecida de Dorien arriba).


Los zapatos están hechos en cueros del más brillante negro, con adornos en plástico, que también se utiliza para decorar bolsos, cinturones, fundas de paraguas...


'Afternoon shirt' (izquierda) - una sola pieza. Vestido de rayas blanco y negro con pliegues. cinturón ancho (Jacques Fath - José Halbert $ 135). 
'Evening shirt' (derecha) - en organdí quebradizo, va con falda estampada para fiestas informales (Ceil Chapman, $ 70)


Este traje a cuadros está inspirado en la ropa masculina (Adele Simpson, $ 125). Rara vez la ropa de primavera tiene las mangas completamente largas, por eso siempre se accesorizan con guantes largos.


Con la manga por encima del codo esta capa de franela es todo un clásico (Pauline Trigere, $ 235). Los guantes de longitud media dejan el brazo al desnudo. Esta prenda se puede usar en un tiempo más fresco como una capa sobre un vestido.


Con las mangas sobre el hombro, este tipo de vestidos se volvió muy popular (Brigance, $ 75). A principios de la primavera se lleva con una chaqueta a juego. Más tarde, sin ella, pero con guantes hasta la muñeca.








sábado, 27 de diciembre de 2014


De sobra conocida por todas, la rebeca es una de las prendas más básicas y fáciles de encontrar en el armario de cualquier mujer. Está de moda todas las temporadas y son numerosas las marcas y diseñadores que optan por incluirlas cada año en sus colecciones, pero ¿nunca os habéis preguntado por qué este tipo de chaqueta tiene nombre de mujer?



Era 1940 y se estrenaba en España la película de Alfred Hitchcock llamada 'Rebeca'.
En la mayor parte de las escenas podemos ver a la protagonista, interpretada por Joan Fontaine, usando esta prenda. Este tipo de chaquetas estaba muy de moda en Estados Unidos a finales de los años 30 y principios de los 40 pero era una desconocida total en España.

Fue a raíz del estreno de Rebeca cuando se comenzaron a comercializar tanto las chaquetas como los patrones y nadie podía resistirse a la tentación de tener una en su armario. 

En 2001 se incluyó la palabra 'rebeca' en el Diccionario de la RAE:

rebeca.
(Del n. p. Rebeca, título de un filme de A. Hitchcock, basado en una novela de D. du Maurier, cuya actriz principal usaba prendas de este tipo).
1. f. Chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por lo general, a la altura de la garganta.

Aquí os dejo algunos fotogramas de la película sacados de IMDb:












Durante los años 20 y buena parte de los 30, más del 75% de la ropa que usaba la gente en su día a día era diseñada y cosida a mano por ellos mismos, sus amigas, madres o modistas contratadas para crear un vestido concreto.

Es a finales de los años 30 cuando empieza a crecer la industria de la moda y las tiendas de ropa y las boutiques eran cada vez más abundantes. Se seguían haciendo prendas por encargo pero lo habitual era que las modistas o trabajadoras de las tiendas produjesen nuevo material  sin parar para agilizar el proceso.
Ya no se tomaban medidas clienta a clienta para hacer vestidos que les viniesen, sino que en cada boutique de ropa había toda clase de modelos y tamaños y si te venían, bien y si no, te ibas a otra tienda a buscar un vestido para ti.


Cada año que pasaba, la industria perdía 10 millones de dólares en costes de devoluciones de ropa (era muy difícil regalar prendas ya que no tenías la certeza de que a la otra persona le fuese a venir bien), se cerraban centenares de tiendas y la gente se gastaba aún más dinero en arreglar ropa que había comprado y le venía grande o pequeña.

Fue entonces, en 1940 y harto de perder tanto dinero, cuando el dueño de los grandes almacenes ‘L.Bamberger& Co’ (actual Macy’s) decidió unificar las tallas para que fuesen comunes a todas las tiendas y la gente pudiese comprar sin problemas. Contrató los servicios de la WPA, que era una agencia que daba trabajos temporales a millones de desempleados en todos los Estados Unidos para que ejecutasen obras públicas y realizasen estudios, siempre por el bien del país. Juntos lanzaron una gran campaña que entusiasmó a la gente y en unos pocos meses ya habían tomado medidas de 100 mil voluntarias.



Cientos de mujeres jóvenes, mayores, altas, bajas, delgadas y de distintas proporciones, hacían cola diariamente frente a los almacenes Bamberger para ser medidas y participar en el proyecto.
Al final del estudio, crearon un manual de 50 páginas donde incluían detalladamente las 59 medidas (en centímetros y pulgadas) que habían tomado de cada chica. Habían hecho la media y habían creado distintas tallas que les viniesen a todo el mundo.

El manual fue distribuido por todo el país y al poco tiempo todas las tallas de los Estados Unidos así como, posteriormente, las de todo el mundo habían sido unificadas.

Se tomaron fotografías de todo el proceso y las medidas que tomaron fueron muy minuciosas.

Se medía y pesaba a cada una de las voluntarias:



El programa proporcionaba a todas las chicas ropa interior de algodón, que se lavaba para ser nuevamente usada por otras voluntarias. Se hacían marcas con tinta en lugares clave del cuerpo, como eran las cavículas, la cintura, las rodillas, el punto exacto donde terminaban los hombros y empezaban los brazos, el pecho, etc.
Se tenían que poner en toda clase de posiciones; de pie, tumbadas, sentadas con los pies apoyados, sentadas en lugares en los que no llegasen al suelo, tenían que correr, agacharse y ponerse en posiciones en las que se pondrían en su día a día. De este modo, a la hora de elegir las longitudes de las faldas y vestidos, se asegurarían de que era ropa funcional y a ninguna mujer se le fuese a ver nada que no debiese.



Se hacían también medidas diagonales, de las ingles y los glúteos, para tomarlas después como referencia a la hora de crear las tallas para las prendas de baño.



Se medían las tibias, para deducir cual era el largo ideal de todas las faldas y vestidos.



Y por último, se tomaban medidas de las circunferencias del cuello, brazos, pecho, cintura, caderas, glúteos y piernas.



Hoy en día la mujer media es más alta y pesa 5kg más que entonces, pero las tallas siguen siendo las mismas; S (small), M (medium), L (large), XL (extra large), aunque es cierto que se han ido incorporando medidas nuevas que en esa época eran impensables, como la XXL o la nueva, famosa  y polémica XXXS que salió este verano.




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